Comemos,
evacuamos, nos acostamos y nos levantamos; este es nuestro mundo.
Todo lo que
tenemos que hacer después es morir.
Ikkyu, poema doka
“En cada uno
de nosotros hay un ámbito en el que reina una paz absoluta, un ámbito libre de
los pensamientos ruidosos, libre de preocupaciones y deseos. Es un ámbito en el
que cada uno de nosotros está plenamente en sí. Ese ámbito, no perturbado por
ningún pensamiento, es para el Maestro Eckhart lo más valioso que hay en el ser
humano, el punto en el que puede tener lugar el verdadero encuentro con Dios. A
ese ámbito tenemos que acceder. Se trata de un ámbito que no tenemos que crear,
pues ya existe; lo único que ocurre es que está oculto por nuestros
pensamientos y nuestras preocupaciones. Si acondicionamos ese ámbito de
silencio que hay en nosotros, podemos encontrar a Dios tal como es. (…)
Dejamos
todas las expectativas: la de una experiencia intensa de Dios y la de unos
sentimientos placenteros. Dejamos nuestras imágenes y representaciones, dejamos
incluso lo que somos.
Es un
silencio de la experiencia y, a la vez, de la no-experiencia; un silencio
henchido de sensibilidad para con la proximidad de Dios y un silencio vaciado
de todos los pensamientos y sentimientos humanos; un silencio que se
desentiende de sí mismo y de toda búsqueda de la experiencia y se abandona,
confiado en los brazos de Dios”.