sábado, 4 de julio de 2020

Ejercicio 21: Expansión-contracción de consciencia

Ejercicio 21
Expansión-contracción de consciencia



Este ejercicio se basa, simplemente, en el hecho que entrar en el silencio profundo supone expandir la consciencia de sí mismo sin ponerse límites, cosa a la que no estamos demasiado habituados, por el hecho de que normalmente nuestra consciencia se encuentra limitada por el ámbito del propio cuerpo, de las propias emociones y de los propios pensamientos, límites que marcan el espacio de un yo individual que se percibe como separado de los otros yo individuales. Este ejercicio pretende, pues, introducirnos directamente en esta realidad expandida. Procede así:

-          Respiraciones profundas y consciencia corporal…

-          Respirando suavemente, ponemos la atención en el lugar del corazón, a la derecha, donde señalamos para decir yo, y dirigimos esta atención hacia este yo psicológico con el que nos identificamos habitualmente…

-          Ahora imaginamos que este yo nuestro rompe los límites de nuestro cuerpo físico y comienza a expandirse… a expandirse… ultrapasando todo tipo de límites… hasta el infinito… abrazándolo todo… incluyéndolo todo… sin límites…


-          Permanecemos en esta consciencia todo el tiempo que deseemos, y cuando recuperamos la consciencia habitual, más marcada por los pensamientos, sentimientos y percepciones corporales, procuramos mantener despierta, simultáneamente, aquella consciencia expandida de que hemos disfrutado durante el ejercicio…





RECUERDA: periódicamente, voy presentando nuevos ejercicios en la Página Principal del blog. Paralelamente, y para tenerlos disponibles juntos, los voy dejando en la página DESPIERTO Y ATENTO.










sábado, 27 de junio de 2020

Cuento 25: La oración puede ser peligrosa






LA  ORACIÓN  PUEDE  SER PELIGROSA

He aquí una de las historias predilectas del Maestro de sufí Sa'di de Shiraz:

Cierto amigo mío estaba encantado de que su mujer hubiera quedado embarazada.
El deseaba ardientemente tener un hijo varón
y así se lo pedía a Dios sin cesar,
haciéndole una serie de promesas.

Sucedió que su mujer dio a luz a un niño,
por lo que mi amigo se alegró enormemente e invitó a una fiesta a toda la aldea.

Años más tarde, volviendo yo de La Meca,
pasé por la aldea de mi amigo y me enteré de que estaba en la cárcel.

«¿Por qué? ¿Qué es lo que ha hecho?», pregunté.

Sus vecinos me dijeron:
«Su hijo se emborrachó, mató a un hombre y salió huyendo. De manera que arrestaron al padre y lo metieron en la cárcel».


Es verdad que pedir a Dios insistentemente lo que deseamos es un ejercicio realmente loable. Pero es también muy peligroso.





sábado, 20 de junio de 2020

Me gusta o no



Como casi todo el mundo, también yo ando siempre persiguiendo lo que me agrada y rechazando lo que me repele. Estoy un poco harto de vivir así: atraído o repelido, corriendo en pos de algo o, por el contrario, alejándome de ello todo lo posible. Una existencia que discurre tomando y repudiando termina por resultar agotadora, y me pregunto si no sería posible vivir sin imponer a la vida nuestras preferencias o aversiones. 

Es a esto precisamente a lo que llama la meditación: a no imponer a la realidad mis propias filias o fobias, a permitir que esa realidad se exprese y que pueda yo contemplarla sin las gafas de mis aversiones o afinidades. Se trata de tener el receptáculo que yo soy cuanto más limpio mejor, de modo que el agua que se vierta en él pueda distinguirse en toda su pureza. Sería estupendo ver algo sin pretensiones, gratuitamente, sin el prisma del para mí. Es posible, hay gente que lo ha hecho. ¿Por qué yo no?


Más que uno con el mundo, lo que queremos es que el mundo se pliegue a nuestras apetencias. Nos pasamos la vida manipulando cosas y personas para que nos complazcan. Esa constante violencia, esa búsqueda insaciable que no se detiene ni tan siquiera ante el mal ajeno, esa avidez compulsiva y estructural es lo que nos destruye. No manipular, limitarse a ser lo que se ve, se oye o se toca: ahí radica la dicha de la meditación, o la dicha sin más, para qué calificarla.

Me gusta o no me gusta: es así como solemos dividir el mundo, exactamente como lo haría un niño. Esta clasificación no solo resulta egocéntrica, sino radicalmente empobrecedora y, en último término, injusta. Por difundido que esté vivir persiguiendo lo que nos agrada y rehuyendo lo que nos desagrada, semejante estilo de vida hace de la vida algo agotador. Lo que nos disgusta tiene su derecho a existir; lo que nos disgusta puede incluso convenirnos y, en este sentido, no parece inteligente escapar de ello. Bajo una apariencia desagradable, lo que nos disgusta tiene una entraña necesaria. Por medio de la meditación se pretende entrar en esa médula y, al menos, mojarse los labios con su néctar.



  

sábado, 13 de junio de 2020

Stop 25








Un monje dijo a Joshu:
“Acabo de entrar en el monasterio.
Por favor, enséñame”.

Joshu le preguntó:
“¿Has comido ya tu sémola de arroz?”.

El monje contestó:
“Ya la he comido”.

Joshu dijo:
“Entonces deberías lavar tu tazón”.

                                          Koan  Zen

sábado, 6 de junio de 2020

Ejercicio 20: Yo soy tú


Ejercicio 20
Yo soy tú





Antes de proponerte un nuevo ejercicio, quiero referirme a una distinción que hace la tradición hindú. Esta tradición señala tres “caminos” (margas) para llegar a la “realización” espiritual:

Karma-marga, o camino de la acción desinteresada: este camino pone el acento en actuar sin aferrarnos al éxito o fracaso de nuestra actividad –a partir de las expectativas que nos habíamos hecho-. Este camino purificaría el ego en tanto que no le permite asirse a los frutos de su acción.

BhaKti-marga, o camino de la devoción: este camino parte de la consciencia de dualidad que tiene la persona humana, que se siente diferente y separada de la Divinidad, y que pretende establecer una relación amorosa y de mutuo conocimiento. Supone, por tanto, un Yo y un Tú en diálogo.

Jñana-marga, o camino del conocimiento: este camino parte de la situación de ignorancia radical en que se encuentra el individuo que se cree separado del Absoluto, y que necesitará un proceso de atención y discriminación continuados que le llevarán a disipar el velo de la ignorancia para que aparezca, radiante, la única Realidad, esencial y multiforme, de la cual él también “forma parte”, o mejor, es una expresión individual única.

Este camino pondrá un acento especial en la meditación, entendida como estado permanente de atención y discriminación, que nos haga caer en la cuenta del error que supone dar consistencia de realidad separada a los objetos de nuestra percepción, y que con un constante “neti, net” (“no es Eso, no es Eso”) remita nuestra atención a un “más allá” desconocido, que acabará revelándose como el fundamento de todo y a la vez la expresión creada de este fundamento, constituyendo una única Realidad.

Pasando ya al ejercicio de hoy, explico primero un conocido cuento oriental:

Dice que vuelve el amado a casa de la amada, después de largo tiempo sin verla, y, con el corazón deseoso, llama a la puerta con insistencia.

-          “¿Quién es?” –responde una voz, desde el interior.
-          “Soy yo, tu amado. ¡Ya estoy aquí, después de tanto tiempo!” –contesta el amado con impaciencia.
-          “No puedes entrar” –responde la voz del interior.
-          “¡Ábreme, por favor, que soy yo, y me muero de deseo de verte!”.
-          “No puedes entrar” –recibe por respuesta.

El amado marcha desconcertado, y vuelve a la semana siguiente para repetir el mismo diálogo:

-          “¿Quién hay?”
-          “¡Soy yo! Ábreme, por favor!”
-          “No puedes entrar”.

El amado no entiende nada y, totalmente confundido y desconcertado, decide marchar a digerir su pena en compañía de los ascetas solitarios del bosque, donde se entrega completamente a la meditación durante un tiempo. Pasado el cual, vuelve de nuevo a casa de su amada, donde la escena se repite.

-          “¿Quién hay?”
-          “Ábreme, que soy tu”.
Y al instante la puerta se abrió y su amada lo recibió con los brazos abiertos, diciéndole con ternura: 
“Ahora sí que puedes entrar: aquí no había lugar para dos”.

Este cuento nos da la clave del ejercicio:
-          Comienza, como siempre, con respiraciones profundas y la toma de consciencia corporal…
-          Ahora, respirando suavemente, evoca interiormente la presencia del Absoluto, más allá de toda sensación, pensamiento o sentimiento, y en cada respiración, repite suavemente en el lugar del corazón:

“Soy Tu” –como dirigiéndote a Él afirmando tu no-dualidad con Él. Permanece así el tiempo que desees…

-          Haz ahora un paso más: imagina que tú estás en silencio y que la voz que resuena en tu interior es precisamente la del Absoluto que te dice con inmensa ternura y amor: “SOY TU”. Disfruta de este diálogo el rato que quieras…
-          Posiblemente te verás empujado a entrar en un Silencio que abandona toda palabra, en el que ya no hay un Yo ni un Tu separados, porque el Amor los une en una misteriosa No-Dualidad



RECUERDA: periódicamente, voy presentando nuevos ejercicios en la Página Principal del blog. Paralelamente, y para tenerlos disponibles juntos, los voy dejando en la página DESPIERTO Y ATENTO.










sábado, 30 de mayo de 2020

Cuento 24: No cambies






NO  CAMBIES

Durante años fui un neurótico.
Era un ser angustiado, deprimido y egoísta.
Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara.
Y no dejaban de recordarme lo neurótico que yo era.

Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo
tampoco dejaba de recordarme
lo neurótico que yo estaba.
Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara.

Y también con él estaba de acuerdo,
y no podía sentirme ofendido con él.
De manera que me sentía impotente
 y como atrapado.

Pero un día me dijo:
«No cambies. Sigue siendo tal como eres.
En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres
 y no puedo dejar de quererte».

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: «No cambies. No cambies. No cambies... Te quiero...».

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.
Y, ¡Oh, maravilla!, cambié.

Ahora sé que en realidad no podía cambiar hasta encontrar a alguien que me quisiera, prescindiendo de que cambiara o dejara de cambiar.

¿Es así como Tú me quieres, Dios mío?



sábado, 25 de abril de 2020

También las mariposas






El trabajo, la agitación, las llamadas, los compromisos… Todo parece conjurarse para sacarnos de nosotros mismos. Fuera al fin, que es donde solemos estar, la pregunta ¿quién soy? –que siempre, siempre resuena– no obtiene respuesta. Nos afanamos entonces para llenarnos de más trabajo y más agitación, de más compromisos y carreras, de más idas y venidas, mensajes, llamadas, recados, citas… Todo con tal de no escuchar esa pregunta insoportable y reincidente: ¿quién soy?, ¿adónde voy?, ¿qué sentido tiene el mundo? Pero esa pregunta, formulada como la formulemos, siempre está ahí, latiendo a cada rato, escondida tras las esquinas. En un rostro con el que nos cruzamos, en un segundo en que parece que no pasa nada, en el ruido de la calefacción, en el goteo de un grifo o en un despertador que suena… ¿Quién eres? ¿Adónde vas? ¿Qué haces aquí? ¿Qué estás haciendo de tu vida? Todo para saber una sola cosa: ¿soy amado?, ¿tengo derecho a existir?

Finalmente algo sucede. Finalmente nos detenemos. Quizá sólo un minuto. Quizá dos o tres o unos pocos segundos. Entonces la pregunta suena claramente y, al fin, nos rendimos. ¡Qué bello es ese momento de la rendición! ¡Qué hermoso cuando bajamos las armas y, desnudos, nos rendimos a esa evidencia que es la vida y que tanto nos obstinamos por cubrir!

La vida, ese es todo el misterio. El miedo, ese es todo nuestro problema. Meditamos para no escaparnos de la vida. Para escuchar esa pregunta. Para dejarla latiendo, como si estuviera viva. Meditamos para aprender a parar la máquina de los deseos y el motor de los pensamientos. Para hacer un alto en la carrera. Para ponernos en sintonía con el universo, ésta sí que es una bonita definición de meditación. Para darnos cuenta de que formamos parte de un todo, de una realidad superior.

Meditamos para saber que no estamos solos, para comprender que aun en la más estricta soledad estamos en comunión. Para unirnos al canto de la Creación, tan inaudible como estruendoso, para comprender que el miedo es un fantasma y que no tiene ninguna razón. También meditamos para recomponer los fragmentos en que nos hemos dispersado a lo largo del día. O de la noche. Y para ver y escuchar al misterio, que es tan discreto como potente. Y para experimentar una alegría profunda, sin motivo. Meditamos para despertar del sueño, para descubrir que somos luminosos. Para sacar lo mejor que tenemos. Para ser lo que somos. Para no estar separados y sentir que todo, hasta lo aparentemente peor, es bueno. Meditamos para rendir culto a la confianza, para habitar serenamente en la oscuridad, para contemplar ese ¿quién soy? como quien ve volar a una mariposa.

 El trabajo, la agitación, las llamadas, sí… Pero también las mariposas.








sábado, 18 de abril de 2020

Thich Nhat Hanh: Plena conciencia










No pensar es un arte, y como cualquier arte, exige paciencia y práctica. Encontrar unos pocos minutos para sentarte en quietud es la forma más fácil de aprender a abandonar tu modo habitual de pensar. Cuando te sientas en silencio puedes observar el ir y venir de tus pensamientos y en lugar de rumiar en ellos, dejas que lleguen y se vayan mientras te concentras en la respiración y en el silencio que se ha hecho en ti.

También se puede “meditar caminando”. Caminar es una forma maravillosa de despejar la mente sin intentar despejarla. No dices: “¡Ahora voy a meditar!” o “¡Ahora voy a no pensar!” Te dedicas simplemente a andar, y mientras te concentras en ello, la alegría y la atención plena surgen de manera natural.

Para gozar realmente de tus pasos mientras caminas, deja que tu mente se desprenda por completo de cualquier preocupación o plan. No hace falta que inviertas mucho tiempo y esfuerzo parándote para vaciar la mente. Al inhalar de manera consciente, ya habrás dejado de pensar. Cuando inhalas, das un paso. Mientras inhalas dispones de dos o tres segundos para detener la maquinaria mental. Si la radio del PSP (Pensar Sin Parar) está puesta a todo volumen, no dejes que esa energía huracanada de la dispersión te arrastre como si fuera un tornado. La práctica de la plena conciencia te permite vivir el presente, el único instante en el que la vida y todas sus maravillas son reales y están a tu alcance.

Al principio quizá necesites un poco más de tiempo, tal vez hayas de respirar de manera consciente diez o veinte segundos para vaciar la mente. Puedes dar un paso al inhalar y otro paso al exhalar. Si te distraes, vuelve a llevar suavemente la atención a la respiración.

Diez o veinte segundos no es mucho tiempo. En ese pequeño espacio de tiempo sentirás el goce, la alegría, la felicidad de dejar de pensar. Durante ese tiempo de quietud, tu cuerpo se curará a sí mismo. Tu mente se renovará a sí misma. No hay nadie ni nada que te impida seguir sintiendo la dicha del segundo paso, de la segunda respiración. Tus pasos y tu respiración siempre estarán ahí para ayudarte a sanar.

Mientras caminas, tal vez veas cómo tu mente es empujada y arrastrada de aquí para allá por la antigua y arraigada energía del hábito de la ira o el deseo imperioso. La plena conciencia te permite reconocer esta energía del hábito. Al advertirla, simplemente sonríele y dale un buen baño de plena conciencia, de silencio cálido y espacioso. Esta práctica te permitirá desprenderte de la energía del hábito negativo. Puedes ofrecerte este baño cálido y envolvedor de silencio siempre que lo desees, mientras caminas, estás acostado, lavas los platos, te cepillas los dientes o hacer cualquier otra cosa.

Esta clase de silencio no significa dejar de hablar. La mayor parte del ruido viene de la animada cháchara que mantenemos en nuestra cabeza. Pensamos y volvemos a pensar sin parar, una y otra vez. Aunque esto no significa que no debamos pensar nunca o que hayamos de reprimir nuestros pensamientos, sino que cuando caminamos nos hacemos el regalo de tomarnos un descanso de nuestros pensamientos centrándonos por entero en la respiración y en nuestros pasos. Si necesitamos realmente pensar en algo, dejamos de caminar y ponemos toda la atención en el tema en el que debemos reflexionar.

Caminar y respirar con plena conciencia te permite sentir los milagros de la vida que te rodean, por lo que tus pensamientos compulsivos se desvanecen por sí solos.

Deja de centrarte en tus pensamientos para volver a tu verdadero hogar y vivir el momento presente es una práctica básica de plena conciencia. La puedes hacer en cualquier momento, donde sea, y con ella la vida te resultará más agradable. La práctica de la plena conciencia no requiere meditar sentado u observar las formas externas de la misma. Simplemente consiste en prestar atención y encontrar la quietud dentro de uno. Si no logramos hacerlo, no podemos ocuparnos de las energías de la violencia, el miedo, la cobardía y el odio que hay en nuestro interior.

Cuando tu mente está agitada y llena de ruido, aunque por fuera parezcas estar tranquilo, no es más que pura fachada. Pero si encuentras dentro de ti espacio y calma, desprenderás serenidad y alegría de manera natural. Puedes ayudar a los demás y crear un ambiente más sano a tu alrededor sin pronunciar una sola palabra.

sábado, 4 de abril de 2020

¡Soy Naturaleza!

Soy Naturaleza !





Con el atardecer,
de nuevo atisbos de tormenta.
Rumores de truenos aún lejanos.
Es el tercer día.
De momento,
más tormenta eléctrica
que de agua.

La brisa trae aromas
de paja y hierba húmeda.
El olor del campo húmedo
me retrotrae a mi infancia.
Son olores familiares.
Son olores naturales.

La Naturaleza se deja sentir.
Se impone y envuelve.
Me envuelve!
Se impone como esencia.
Me transporta a mi esencia:
soy Naturaleza.

Ligado a la existencia,
entrelazado con lo existente,
en comunión con todo cuanto ES.
Materia de la materia,
Espíritu con el espíritu
que trasciende toda finitud.

Todo con el TODO.
Aquí no hay principio ni fin.
No hay vida ni muerte, …
hay TODO: SER.

Nubes,
truenos,
lluvia,
relámpagos,
humedad,
hierba, …
NATURALEZA!

Soy nube,
trueno,
lluvia,
relámpago,
humedad,
hierba, …

Soy NATURALEZA!


Daniel