lunes, 6 de mayo de 2019

John Main: Recita tu mantra todos los días








No es un modelo de última generación, no es una receta para el éxito, no es una técnica, no es la última novedad del mercado. Tampoco es una píldora para el bienestar personal o para combatir el estrés, o para obtener éxito profesional.

Es algo sumamente simple. Requiere únicamente quietud y silenciamiento. La meditación tiene una larga historia. Es una destilación de la esencia de la experiencia del hesicasmo (hesychía: tranquilidad o paz) de los primeros Padres y Madres del desierto egipcio y sirio de los s. III y IV, traducida a Occidente por Juan Casiano y mantenida principalmente a través de la Regla de San Benito (s. VI). En realidad tiene su origen en la invitación de Jesús de Nazaret en el Sermón de la Montaña:

Cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Abba que está escondido; y tu Abba, que ve en lo secreto, te recompensará.
(Mt. 6,6)

El camino de la meditación es acogido por la espiritualidad contemplativa inglesa del s. XIV en La Nube del No Saber y practicado hasta la excelencia por Juan de la Cruz y Teresa de Jesús. Hasta el s. XVI es considerado un camino para ser transitado por cualquier cristiano. Posteriormente, en previsión de “excesos, posibles excentricidades o abusos”, queda relegado a expertos y selectos.

En los años setenta-ochenta del siglo pasado, el monje benedictino John Main (1926-1982), y Thomas Keating (1923), monje cisterciense, por caminos muy paralelos, consideraron que era momento de que el camino de la contemplación saliera del armario y se hiciera accesible a toda persona sincera.

Amigos del desierto, una red abierta de meditadores cristianos y no cristianos, iniciada por Pablod’Ors, interesados en profundizar y difundir la experiencia del silencio y la quietud, se siente heredera de los Padres del desierto y del hesicasmo. Concretamente sigue la estela de John Main.

¿Cómo podemos encontrar el camino que nos lleve a la experiencia cristiana esencial? -se pregunta J. Main- en Una palabra hecha camino. Meditación y silencio interior. Su propuesta es diáfana: a través del camino de la meditación. Nada de autocomplacencia, nada de solipsismo, de nada se huye, ninguna búsqueda de estados alterados de la mente.

Se trata de iniciar el viaje más definitivo de  todo ser humano, el viaje a nuestro centro más profundo e íntimo. ¿Cómo?: mediante el silenciamiento y la quietud. Es ahí, más allá de los conceptos y de las imágenes construidas, donde está nuestro verdadero yo. Fue una de las experiencias nucleares de los eremitas del desierto: encuéntrate a ti y encontrarás a Dios, encuentra a Dios y te encontrarás contigo mismo.  Sólo desde la inocencia primordial somos auténticos, sólo desde ese espacio interior puede construirse la auténtica paz y las relaciones verdaderas.

Aquietar y silenciar. Esta es la única actividad necesaria. De esto trata la meditación, de ponerse en presencia de Aquel que es. Basta con estar sin más en su presencia. Entonces somos plenamente la persona que Dios quiso que fuéramos cuando nos creó.  ¿Por qué merece la pena meditar? Creo que, en última instancia, –dice Main- todos contestamos lo siguiente: en distintos momentos de nuestra vida, hemos querido comprometernos con la verdad, comprometernos con Dios. La meditación responde a esta necesidad.

¿Cómo puedo meditar?  Para aprender a meditar hemos de aprender a estar en profundo silencio. La meditación es un concepto muy simple. No hay nada complicado ni esotérico al respecto. En esencia, meditar consiste simplemente en estar en calma en el centro de tu ser. Conocer a Dios, crecer y estar en calma son experiencias que se producen en el centro de tu ser. El camino que seguimos comienza por sentarnos completamente quietos (lo cual no significa “inactivos”). Lo segundo es aprender a decir la palabra, con la que meditamos, nuestro mantra, con total atención, es decir, aprender a aquietarnos a nivel mental. La calma y el mantra son los dos elementos esenciales de nuestra meditación. Esta es la sencillez absoluta.

¿Cuál es el sentido del mantra?  John Main lo aprendió de su maestro hindú. El maestro que me enseñó a meditar –dice- me lo presentó con claridad meridiana. Su enseñanza se resumía en tres palabras: recita tu mantra. Decir el mantra es lo primero que tenemos que entender. Puede llevarte –sigue afirmando Main- cinco o diez años comprender la importancia de recitar el mantra desde el comienzo hasta el final, sin cesar. Lo esencial del mantra (Palabra Sagrada lo llama T. Keating) es conducirte al silencio. No se trata, por supuesto, de una palabra mágica. No tiene propiedades esotéricas ni nada parecido. Es sencillamente una palabra sagrada en nuestra tradición, como Maranatha, Abbá, Amor, Jesús, … Busca tu mantra, aquel con el que te sientas cómodo. A la sencillez se entra por la puerta de la práctica. Nuestra práctica consiste en la recitación del mantra. Repetirlo con claridad, con atención. Si puedes, inhálalo y exhálalo en silencio. Recítalo desde el principio hasta el final. No te pongas a analizarlo, no analices lo que estás haciendo. No pienses en lo que estás haciendo; antes bien, sé uno con lo que estás haciendo.

¿Por qué el mantra?  La experiencia inmediata del meditador es constatar el constante ruido interior que nos posee. Este incesante ruido puede personificarse en los pensamientos. Pero “pensamiento” es cualquier percepción, bien sean recuerdos, planes, visualizaciones, imágenes, sensaciones externas o internas, sentimientos o auto reflexiones, cualquier tipo de reflexión, … El mantra es como un faro que guía nuestro rumbo, así que debemos fijar nuestra atención en él. Si desviamos nuestra atención del mantra, hacia los “pensamientos”, estamos perdidos. Regresamos al narcisismo, a la obsesión por nosotros mismos. Es extraordinariamente sencillo. Así pues –repite una y otra vez Main- insisto en la importancia de decir la palabra. No pienses en Dios, no pienses en ti mismo. No analices a Dios, no te analices a ti mismo. Guarda silencio. Permanece quieto y estate con él, en su presencia.

El mantra es como la aguja de la brújula. Te orienta siempre hacia tu destino. Apunta en la dirección que debes seguir, lejos de ti mismo hacia Dios, y cuando tu ego te lleve por otros derroteros, la brújula seguirá indicándote fielmente la buena dirección. El mantra, si lo dices con generosidad, fidelidad y amor, siempre te señalará la dirección hacia Dios, y es solo en él donde se revela nuestro verdadero sentido.

¿Cómo comienzo?  Cuando comiences a meditar, cuanto menos pienses en Dios, cuanto menos hables de Dios, mejor. Permanece abierto sin condiciones a su don, el cual consiste en tu ser persona. Un aspecto muy importante de la disciplina es aprender a sentarse completamente quieto. Te entrarán ganas de moverte, o de rascarte la nariz, o de abrir los ojos, pero al sentarte quieto estás dando un paso muy importante en este camino que te aleja del egoísmo, de la obsesión por ti mismo. Para meditar tan solo necesitas unas pocas indicaciones. Debes estar quieto. En las primeras semanas has de aprender a sentarte absolutamente quieto como primer paso para estar en completa calma. Una vez sentado y aquietado tanto como puedas, comienza a decir tu mantra sin cesar, continuamente, acompañando la respiración.

La doctrina básica de la meditación se condensa en esta breve frase: di tu mantra. No te molestes en pensar en su significado. Tampoco pienses en Dios. De hecho, no pienses en nada. Di tu palabra, recítala y escúchala. Lo único que necesitas saber es que resulta fundamental que recites tu mantra todos los días de tu vida, por la mañana y por la tarde. Necesitamos dedicar veinte minutos cada mañana y cada tarde (media hora si puede ser) a estar quietos, a ser sencillos y a “descansar en el Señor”, como decían los primitivos monjes.

Recuerda, la meditación no consiste en hacer que suceda algo –a ti o al cosmos-. Todo ha sucedido ya. Si adoptamos una actitud receptiva y de disponibilidad, todo lo demás se nos dará. Más allá de esto, todo es don. Lo que necesitamos es estar ahí. Y la meditación es una forma sencilla de estar ahí.

La meditación no es una técnica. Es un camino. Es el camino que es Cristo. Es el camino que lleva a un estado pleno de ser. Al meditar, aprendemos a estar plenamente alerta, a aceptarnos por completo, a amarnos a nosotros mismos y a tomar conciencia de que estamos enraizados y cimentados en la realidad absoluta que llamamos Dios.

Finalmente. Es preciso meditar todos los días. Se trata de adquirir una disciplina orientada no a lograr un beneficio personal, sino sencillamente a ser. Sé fiel, sé paciente, y busca un tiempo.  Acepta el reto de meditar durante media hora –eso sería lo ideal- o al menos durante veinte minutos, cada mañana y cada tarde de tu vida. Es un tiempo de pobreza, de silencio, de olvido de sí, no un momento para analizarnos, para reflexionar sobre nuestras motivaciones o para determinar si somos virtuosos o pecadores.

La meditación es el itinerario que nos lleva, más allá de nuestra existencia, a nuestro ser. A nuestro ser singular. Es el camino que nos conduce al núcleo esencial de qué y quiénes somos. Cuando llevas un tiempo practicando la meditación -asegura Main-, descubres que meditar es lo más natural y obvio que se puede hacer. Meditamos porque sabemos con certeza que hemos de atravesar y transcender nuestra esterilidad. Debemos ir más allá de un sistema cerrado, de una mente que no hace más que mirarse a sí misma. Cada vez tenemos más claro que hemos de pasar del aislamiento al amor. La conciencia personal da paso a la verdadera conciencia. Empezamos a conocer lo que existe más allá de nuestros limitados horizontes, lo que es, lo que Dios es: descubrimos que Dios es Amor.

No dedicamos media hora por la mañana y media hora por la tarde a buscar “un poco de religión” o a cultivar la espiritualidad como parte de un programa para mejorar la salud, o para mejorar nuestra imagen. Más bien, mediante esos ratos de media hora pretendemos vivir la eternidad. Tratamos de dejar a un lado todo lo que es transitorio y vivir en la eternidad de Dios. Adentrarnos en nuestra propia identidad personal significa sumergirnos en Dios. Esta es la vocación que cada uno de nosotros ha recibido: conocerse en Dios.

Más allá del camino, de la quietud y el silenciamiento, todo es don. Nada es conquista ni trofeo por el esfuerzo propio. Lo único que se nos pide es absolutamente sencillo: recita tu mantra, todos los días, por la mañana y por la tarde.    
Daniel

sábado, 4 de mayo de 2019

Stop 15















“Nos pasamos la mitad de nuestra vida corriendo detrás de lo que nos resulta agradable y la otra mitad huyendo delante de lo que nos resulta desagradable.
Pasamos la vida corriendo

sábado, 27 de abril de 2019

Willigis Jäger: En camino hacia la contemplación

 Willigis Jäger
En camino hacia la contemplación





Los caminos místicos de oriente y occidente se reducen a dos formas básicas:

·      el camino del RECOGIMIENTO DE LA CONSCIENCIA:

-    consiste en concentrar las potencias psíquicas en un objeto
(ej.: una palabra o una pequeña frase)
-  se llega a la pérdida del nivel del ego de la consciencia y, así, a la   experiencia del uno.

·      el camino del VACIAMIENTO DE LA CONSCIENCIA:

-       consiste en la no reacción de la misma.
-     está completamente despierta, pero no está atada a ningún pensamiento  ni a ninguna idea,
-      ni se deja llevar por ninguna emoción.


sábado, 13 de abril de 2019

Cuento 13: Una vital diferencia







 Le preguntaron cierta vez a Uwais, el Sufí:
 «¿Qué es lo que la Gracia te ha dado?».

Y les respondió:
«Cuando me despierto por las mañanas,
 me siento como un hombre que no está seguro
de vivir hasta la noche».

 Le volvieron a preguntar:
«Pero esto ¿no lo saben todos los hombres?».

Y replicó Uwais:
«Sí, lo saben.
 Pero no todos lo sienten».


Jamás se ha emborrachado nadie
a base de comprender intelectualmente la palabra VINO.

sábado, 30 de marzo de 2019

Stop 14






“Cuando el sabio
apunta a la luna,
todos los idiotas miran al dedo”.



Todas las revelaciones,
por muy divinas que sean,
nunca son más que un dedo
apuntando a la luna.


sábado, 23 de marzo de 2019

Ejercicio 10: Fantasía de árbol

Ejercicio 10
Fantasía de árbol






ESTE EJERCICIO es de Lanza del Vasto, un conocido discípulo de Gandhi que fundó una comunidad al sur de Francia, el Arca, según los principios gandhianos.

Sentado, con la espalda derecha y relajada, toma consciencia del cuerpo, parte por parte, y después como un todo…

Permanece respirando, tranquilo…

Tomo consciencia de tu tronco y de la columna vertebral, como un eje vertical que te atraviesa el cuerpo de arriba a abajo…

Ahora escoge, con la imaginación un tipo de árbol, o un árbol concreto, que te guste o te inspire especialmente…

Visualiza mentalmente tu árbol escogido, con toda la riqueza de detalles que quieras: las raíces, el tronco, el ramaje, las hojas…

Ahora identifícate con tu árbol: como si tú entraras en tu árbol y fueras él mismo…

Siente tus raíces adentrándose en la tierra, en todas las direcciones, absorbiendo el alimento y la energía de la tierra y llevándolos hasta la base del tronco…

Recorre ahora mentalmente el interior del tronco que eres… percibiendo la savia llena de vida que recorre… sintiendo la solidez, la firmeza, la fuerza del tronco que tú eres… Ves subiendo por el tronco. Sintiéndolo así, hasta la base de las ramas…

Comienza ahora a recorrer las ramas que salen del tronco en todas direcciones: primeros las más sólidas, y de estas salen otras más pequeñas y frágiles…

Y toma consciencia de las hojas que salen del ramaje en todas las direcciones: alegres, ágiles, expuestas a la luz del sol, la lluvia, el aire…

Ves recorriendo, pues, la copa del árbol en todas direcciones, subiendo cada vez más, hasta llegar al extremo más alto, donde te sugiero que te pares por un momento abriéndote al cielo que tienes encima y a la luz del sol que te ilumina…

A continuación, haz el proceso inverso, muy lentamente:

Vas bajando por la copa del árbol, consciente de la hojas…

Y a continuación por las ramas…

Y ahora por el tronco, sintiéndolo sólido, firme…

Hasta la base, de donde salen las raíces, en todas direcciones, adentrándose en la tierra… absorbiendo el alimento, la vida…

Y de nuevo repites todo el proceso de subir y bajar por el árbol.

Es recomendable hacerlo como mínimo una vez más, para ir pasando a continuación a permanecer en la consciencia global de ser el árbol con el que te identificas, sintiéndote a la vez bien enraizado en la tierra, fuerte en tu tronco y muy abierto, airoso y receptivo en las ramas y hojas de tu copa.

Normalmente, esta meditación proporciona una agradable sensación de integración personal y de armonía con todo lo que nos envuelve, que nos facilita el “perdernos” en el Silencio, en comunión con todo y con todos. Dedicamos, pues, un rato a permanecer en este Silencio…

Este ejercicio está en la línea del que se decía en el ejercicio 9. Permanecer en silencio, contemplando largamente y tranquilamente algún objeto de la naturaleza, es una buena escuela de meditación, siempre que no nos lleve a pensar el objeto de nuestra contemplación sino a sentirlo hasta el punto de vivirnos en él mismo, percibiendo su energía, su vida, su silencio… como si no fuéramos dos.

Sentir la vida, la energía y el silencio de un pájaro posado en una rama, o de un pez nadando plácidamente…


RECUERDA: periódicamente, voy presentando nuevos ejercicios en la Página Principal del blog. Paralelamente, y para tenerlos disponibles juntos, los voy dejando en la página DESPIERTO Y ATENTO.




sábado, 26 de enero de 2019

Stop 13





“Cuando uno está interiormente tranquilo, puede atender amablemente a otra persona sin romper el silencio. El silencio no es ausencia de relaciones, sino un tipo de relación. El silencio amable genera una calma serena.”

sábado, 19 de enero de 2019

Anselm Grün: El silencio que aguarda



A Dios no tenemos que mostrarle nada: ni pensamientos edificantes ni sentimientos piadosos. 

Estamos, sencillamente, delante de él y guardamos silencio

Mantenemos nuestro corazón vacío en su presencia para dejar que nos colme de su amor indecible e indescriptible con palabras. 

Guardamos silencio delante de Dios y esperamos. No sabemos si Dios vendrá y nos acogerá. Sólo sabemos por la fe que Dios está ahí, aunque no lo experimentemos. Persistir y esperar, mantener también la no-experiencia en la oración, abandonar la tierra firme de los pensamientos y las imágenes, entregarse al amor de Dios, abrirse a la presencia de Dios, sin tener la certeza de que vamos a percibir algo de ella…: en eso consiste el silencio.
Es un silencio de la experiencia y, a la vez, de la no-experiencia; un silencio henchido de sensibilidad para con la proximidad de Dios y un silencio vaciado de todos los pensamientos y sentimientos humanos; un silencio situado más allá de la experiencia; un silencio que se desentiende de sí mismo y de toda búsqueda de la experiencia y se abandona, confiado, en los brazos de Dios.

sábado, 12 de enero de 2019

Cuento 12: Come tú mismo la fruta








A todo el mundo le gustan los cuentos, y son precisamente cuentos lo que iremos presentando: cuentos budistas, cuentos cristianos, cuentos Zen, cuentos asideos, cuentos rusos, cuentos chinos, cuentos hindúes, cuentos Sufí, cuentos antiguos y modernos.
Estos cuentos poseen todos ellos, sin embargo, una peculiar característica: si se leen de una determinada manera, ocasionan un verdadero crecimiento espiritual.

CÓMO LEER ESTOS CUENTOS
 Hay tres modos de hacerlo:
1. Leer un cuento una sola vez y pasar al siguiente. Este modo de leer sirve únicamente de entretenimiento.
2. Leer un cuento dos veces, reflexionar sobre él y aplicarlo a la propia vida. Es una especie de teología que puede practicarse con bastante provecho en grupos pequeños en los que cada miembro comparte con los demás las reflexiones que el cuento le ha suscitado. Lo que se origina entonces es un círculo teológico.

3. Volver a leer el cuento, después de haber reflexionado sobre él. Crear un silencio interior y dejar que el cuento le revele a uno su profundo significado interno. Un significado que va mucho más allá de las palabras y las reflexiones. Esto lleva progresivamente a adquirir una especie de sensibilidad para lo místico.
También se puede tener presente el cuento durante todo el día y dejar que su fragancia o su melodía le ronde a uno. Es preciso dejar hablar al corazón, no al cerebro. De este modo también se hace uno una especie de místico. Y es precisamente con esta finalidad mística con la que han sido escritos la mayoría de estos cuentos.

ADVERTENCIA
¡Cuidado con aplicar el cuento a cualquier persona (un amigo, un vecino, la misma Iglesia) que no sea uno mismo! Si así se hace, el cuento será espiritualmente dañoso. Cada uno de estos cuentos tiene que ver con uno mismo, no con cualquier otra persona.


GLOSARIO
Teología: El arte de narrar cuentos acerca de lo divino. También, el arte de escuchar dichos cuentos.
Misticismo: El arte de gustar y sentir en el corazón el significado interno de dichos cuentos, hasta el punto de ser transformado por ellos.








En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su Maestro:


«Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado»

El Maestro le replicó: 

«¿Te gustaría que alguien 
te ofreciera fruta
y la masticara antes de dártela?».


Nadie puede descubrir tu propio significado en tu lugar. 
Ni siquiera el Maestro.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Stop 11










¡Qué maravilla,
qué misterio!

Transporto leña,
saco agua.

                                                                                     Poema Zen