sábado, 14 de marzo de 2020

Cuaresma: sanar el sistema del "falso yo"






“El tiempo se ha cumplido y el Reino de  Dios ha llegado;
convertíos y creed en la Buena Nueva”.
(Mc. 1, 12-15)

De nuevo hay un largo período de preparación (Cuaresma, cuarenta días) antes de la festividad principal, que es la Pascua de Resurrección.
La Pascua de Resurrección, con su gracia de resurrección interior, es la curación radical de la condición humana. La Cuaresma, que nos prepara para esta gracia, trata lo que necesita curación.
De acuerdo con la evidencia que nos proporciona la psicología del desarrollo, cada ser humano recapitula las etapas preracionales del desarrollo hacia la plena conciencia reflexiva, por las cuales ha pasado la humanidad entera en su ascenso evolutivo. Durante sus primeros seis meses, el niño está sumergido en la naturaleza y no tiene noción de ser una entidad independiente. A medida que el niño comienza a diferenciar su propio cuerpo de lo que le rodea, su vida emotiva se concentra alrededor de sus impulsos por obtener seguridad y supervivencia, afecto y estima, y poder y control. Las imágenes, reacciones emotivas y el comportamiento gravitan alrededor de estas necesidades instintivas y crean programas que el ser humano ha elaborado y defiende a toda costa porque cree que le traerán la felicidad (o le evitarán la infelicidad). Esto es lo que llamamos centros de energía. Cuando el niño recibe el don de expresarse verbalmente, empieza a interiorizar los valores de los padres, de sus compañeros y de la sociedad que lo rodea, llegando a imaginarse, a valorarse y a apreciarse a sí mismo de acuerdo a los valores y expectativas del grupo.
Cuanto más el niño se sienta privado de la satisfacción de sus necesidades instintivas, tanto más empleará su energía en elaborar programas emotivos diseñados para satisfacer alguna o todas esas necesidades. Cuando estos programas de felicidad se frustran, surgen instantáneamente emociones aflictivas que pueden ser tristeza, apatía, avaricia, codicia, lujuria, orgullo o ira. Si estas emociones son lo suficientemente dolorosas, uno está dispuesto a pisotear tanto los derechos y necesidades de los demás como el bienestar propio con tal de escaparse del dolor. Esto es lo que conduce al comportamiento que llamamos pecado personal. Es el síntoma de una enfermedad. La enfermedad es el sistema del “falso yo”, es decir, la acumulación de los programas emotivos de felicidad que fueron iniciados en la tierna infancia y que se expandieron hasta llegar a ser centros de energía alrededor de los cuales giran los pensamientos, sentimientos, reacciones, manera de pensar, motivación y comportamiento de cada uno.  Llegamos a la plena conciencia autoreflexiva invadidos por una sensación de estar separados de nosotros mismos, de los demás y de Dios. Nos sentimos más o menos solos en medio de un universo potencialmente hostil.
Al aproximarnos a la edad del razonamiento, nuestra conciencia se enfrenta con una encrucijada: de una parte, un deseo vehemente de madurar y de aceptar las obligaciones que esto trae consigo; de otra, el temor a un aumento de responsabilidad y a los sentimientos de culpa que estas conllevan. Jesús se dirige precisamente a este dilema de la humanidad, cuando en la temporada litúrgica de cuaresma proclama “Arrepentíos, que el Reino de Dios está aquí”.
La palabra “arrepentirse” significa cambiar la ruta donde se está buscando la felicidad. La llamada al arrepentimiento es una invitación para que reconozcamos nuestros programas de felicidad basados en necesidades instintivas, y cambiarlos. Este es el programa fundamental de la Cuaresma. Año tras año, a medida que se avanza en el camino espiritual, se hacen más notorias las influencias destructivas que ejercen esos programas de felicidad, y en la misma proporción aumenta el deseo de cambiarlos. Así es como se inicia y se lleva a cabo el proceso de conversión. La culminación de este proceso es la experiencia de la resurrección interior que se celebra en el misterio de la Pascua de Resurrección.
La liturgia de Cuaresma comienza con las tentaciones de Jesús en el desierto, que se dirigen a las tres áreas de necesidades instintivas que todo ser humano experimenta durante su crecimiento. Jesús es tentado a que recurra a la magia, un símbolo de seguridad, para satisfacer su apetito carnal, en lugar de recurrir a Dios; a tirarse del pináculo del templo que le dará fama de milagroso; y a postrarse y adorar a Satanás con el fin de recibir como recompensa el poder absoluto sobre todas las naciones del mundo. Seguridad, admiración, poder, típicamente esas son las tres áreas donde las tentaciones atacan nuestros programas falsos de felicidad.
El verdadero crecimiento humano incorpora todo lo bueno del nivel más primitivo de conciencia cuando asciende a niveles más elevados. Lo único que queda atrás son las “limitaciones” de los niveles anteriores. Para un ser humano en el que el deseo de seguridad no ha sido moderado por la razón, nunca tendrá suficiente seguridad, por más que acumule riqueza y poder. De la misma manera, la persona que no ha ajustado su deseo de ser querido y admirado, puede llegar a necesitar una semana de vacaciones y muchos tranquilizantes para recuperarse de la herida de un comentario o de una crítica a su persona que llegue a sus oídos.
A continuación se cita una parábola que viene de otra tradición religiosa, que puede iluminarnos sobre lo que es el arrepentimiento desde el punto de vista cristiano.
A un maestro de la religión Sufí se le había extraviado la llave de su casa, y la buscaba ansiosamente en el jardín fuera de su casa, revisando cuidadosamente cada hojita de la hierba. Llegaron sus discípulos y le preguntaron al maestro qué le sucedía. – He perdido las llaves de mi casa-, respondió el maestro. – Quiere que le ayudemos a encontrarla?- le preguntaron. – Encantado de que me ayuden- contestó él. Al oír esto, los discípulos se hincaron de rodillas y comenzaron también a repasar la hierba, hoja por hoja, para ver si encontraban la llave. Al cabo de varias horas uno de los discípulos preguntó, - Maestro, ¿tiene idea del lugar donde pudo haber perdido la llave? Él le respondió, - Claro que sí, la perdí dentro de la casa-. Los discípulos se miraron con gran asombro. – Entonces, ¿por qué la está buscando aquí?- exclamaron. El maestro les respondió, - ¡Porque fuera hay más luz!-.
Esta parábola está dirigida a la condición humana. A todos se nos ha extraviado la llave de la felicidad y la estamos buscando fuera de nosotros, donde es imposible encontrarla. Y la buscamos fuera porque es más fácil, más placentero, y hay más luz, aparte de que estamos más acompañados. Cuando nos proponemos encontrar felicidad por medio de los símbolos de seguridad y supervivencia, aprecio y afecto, y poder y control, podemos estar seguros de que muchas personas nos ayudarán, por la sencilla razón de que todo el mundo está haciendo lo mismo. Pero cuando buscamos la llave en donde realmente existe la posibilidad de encontrarla, nos vamos a hallar muy solos, abandonados por amigos y parientes que perciben algo amenazante en la búsqueda en que estamos empeñados. Una de las pruebas más duras en el camino espiritual es no tener el apoyo de nadie, o lo que es peor, encontrar oposición.
Cuando oímos la llamada de Cristo y nos decidimos a seguir sus huellas, muy pronto vamos a descubrir que aquellos programas que creemos que nos van a traer felicidad son totalmente opuestos a la escala de valores contenida en el Evangelio que deseamos adoptar. El sistema del “falso yo” no se desploma inerte cuando se lo exigimos. Pablo describe su experiencia de forma penetrante: “no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”.
La batalla entre el viejo Yo y el nuevo Yo es un tema constante en el Nuevo Testamento. El “falso yo” puede adaptarse muy rápidamente a nuevas circunstancias, siempre y cuando no tenga que cambiar. Lo que hace entonces es manifestarse en un egocentrismo radical que se expresa por medio de diversas actividades humanas: en bienes materiales tales como riquezas y poder; en satisfacciones de orden emotivo tales como amistades; en objetivos intelectuales tales como un doctorado; en objetivos sociales tales como prestigio y posición social; en aspiraciones religiosas tales como ayuno y actos piadosos; y hasta en compromisos espirituales tales como la oración, la práctica de las virtudes y muchos ministerios de diversa índole.
El Evangelio nos invita a que nos responsabilicemos totalmente de nuestra vida emotiva. Tenemos la tendencia de culpar a otras personas o a circunstancias exteriores por el torbellino que experimentamos, cuando en verdad las mismas emociones aflictivas nos confirman que el problema lo llevamos dentro. Si no nos responsabilizamos de nuestros programas equivocados de felicidad en el ámbito de nuestro subconsciente y tomamos medidas para cambiarlos, nos van a dominar hasta el fin de nuestras vidas. Mientras estos programas estén funcionando dentro de nosotros, nos impedirán oír los gemidos de los demás pidiendo ayuda, puesto que los filtramos a través de nuestras propias necesidades emotivas, reacciones y valores preconcebidos.
El corazón del ascetismo cristiano y –la labor de la Cuaresma- es enfrentarse con los valores inconscientes que están ocultos detrás de los programas emotivos y “cambiarlos”. De ahí la necesidad de la disciplina de la oración contemplativa y de la acción que le sigue.



sábado, 7 de marzo de 2020

Stop 24








Cuando buscaba la Verdad según los demás, cada vez se retiraba más de mí … 
Ahora ando sólo conmigo mismo, y no hay otro más que yo; 
no obstante, no soy él… 
Una vez entendido esto, estoy con Él cara a cara.
Tung-shan

martes, 3 de marzo de 2020

Amigos del desierto







¿Quiénes son?

AMIGOS DEL DESIERTO es una red abierta de personas que hacen meditación, creyentes y no creyentes, interesadas en profundizar y difundir la experiencia del silencio y de la quietud. Se sienten herederos de los Padres y Madres del desierto, concretamente del hesicasmo, que practicó la llamada oración del corazón. Se mueven, pues, en una estela cristiana, convencidos del poder transformador, personal y social, de la contemplación.
Creen que el principal problema de nuestra sociedad contemporánea es el ruido y, en consecuencia, la dispersión. Por este motivo ofrecen espacios y tiempos de desierto y de silenciamiento, conscientes que el silencio nos acerca a la verdadera comunión.
AMIGOS DEL DESIERTO, da sus primeros pasos en febrero de 2014, de la mano del escritor y sacerdote Pablo d’Ors, y autor de Biografía del silencio. Se constituyen en asociación civil en mayo de ese mismo año, y fueron reconocidos por la Iglesia católica como asociación privada de fieles en julio de 2016.
AMIGOS DEL DESIERTO es una red de meditadores, herederos de la tradición de los Padres y Madres del desierto egipcio y sirio (s. III y IV), y de la corriente llamada hesicasmo (hesychía: tranquilidad o paz), movimiento espiritual que cobró fuerza en los siglos XII y XIII y se extendió hasta el XIX con la publicación en Occidente de los Relatos de un peregrino ruso, la principal fuente de divulgación de la llamada oración del corazón, de la que los Amigos del Desierto se hacen eco en su práctica meditativa.

El método de meditación practicado por los AMIGOS DEL DESIERTO es, sustancialmente, el propuesto por Franz Jalics, jesuita nacido en Budapest el 1927, en su libro Ejercicios de contemplación, si bien enriquecido con las aportaciones de John Main, monje benedictino. Tanto uno como otro han actualizado la tradición milenaria de los Padres y Madres del desierto.

En realidad, todo tiene su origen en la invitación de Jesús de Nazaret en el Sermón de la Montaña:

Cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Abba que está escondido; y tu Abba, que ve en lo secreto, te recompensará.
(Mt. 6, 6)









¿Qué es AMIGOS DEL DESIERTO?

UN MÉTODO DE MEDITACIÓN    (EL TRONCO)

UNA PUERTA:     LA SECUENCIA DE PENTECOSTÉS
UN ANCLAJE:     LAS MANOS
UN RITMO:           EL CARDIO-RESPIRATORIO
UN CAMINO:       EL MANTRA CRISTO-JESÚS / MARANATHA
UNA META:          LA ORACIÓN DEL ABANDONO

UNA TRADICIÓN ESPIRITUAL    (LAS RAÍCES)

UNA FUENTE:    LOS PADRES Y LAS MADRES DEL DESIERTO
UNA IMAGEN:    EL ICONO DE RUBLEV
UN PATRÓN:       CHARLES DE FOUCAULD
UNOS INTÉRPRETES:     THOMAS MERTON, FRANZ JALISC Y JOHN MAIN

UNA TRANSFORMACIÓN PERSONAL    (LAS RAMAS)

UNA CONVERSIÓN:         UN CORAZÓN PURO  (TIERRA)
UNA PURIFICACIÓN:      LA REDENCIÓN DE LAS SOMBRAS  (AGUA)
UNA ILUMINACIÓN:       LA IDENTIDAD EN EL SER  (FUEGO)
UNA UNIFICACIÓN:         LA COMUNIÓN ESPIRITUAL  (PAN)

UNA RED DE MEDITADORES

RETIROS:              FINES DE SEMANA DE INICIACIÓN Y PROFUNDIZACIÓN
SEMINARIOS:     MEDITACIÓN SEMANAL EN GRUPO
FOROS:                   ÁMBITOS DE FORMACIÓN, INFORMACIÓN Y PARTICIPACIÓN
EJERCICIOS:       PERIODOS INTENSIVOS DE CONTEMPLACIÓN
VIGILIAS:              CELEBRACIONES RITUALES ABIERTAS

UN ESTILO DE VIDA

UN ANHELO:      LA QUIETUD Y LA PAZ
UN DESAFÍO:      LA RECONCILIACIÓN CON LA PATRIA ESPIRITUAL
UNA DETERMINACIÓN:                LA SENTADA
UN DESIERTO:   EL MONASTERIO DE SAN JOSÉ DE LAS BATUECAS
UNA TAREA:        INICIAR Y ACOMPAÑAR EN EL SILENCIO
UN TALANTE:     LA BENDICIÓN AMISTOSA
UN HORIZONTE:              LA CONTEMPLACIÓN DE LO COTIDIANO




viernes, 28 de febrero de 2020

El desierto de Jesús






“Entonces Jesús fue llevado al desierto
por el Espíritu para ser puesto a prueba por el diablo.
Jesús ayunó cuarenta días con sus noches
 y al final sintió hambre”.
(Mt. 4, 1-2)

El tiempo de Cuaresma es la época en que la iglesia entera entra en un retiro extenso. Jesús se fue al desierto durante cuarenta días y cuarenta noches. Tomar parte activa y observar la Cuaresma es una participación en la soledad, en el silencio y en las privaciones de Jesús.
El desierto bíblico es considerado ante todo un lugar de purificación, un lugar de tránsito. El desierto bíblico es, no tanto un sitio geográfico como tal, con arena, rocas y maleza, sino un proceso de purificación interior que culmina en la liberación del sistema del “falso yo” con sus programas de felicidad inservibles que no funcionan.
Todo un conjunto de preocupaciones egoístas se han acumulado alrededor de nuestras necesidades instintivas hasta convertirlas en centros de energía fuentes de motivación, alrededor de las cuales giran nuestras emociones, pensamientos y patrones de comportamiento como los planetas giran alrededor del sol. Ya sea consciente, o inconscientemente, estos programas de felicidad influyen en nuestra visión del mundo y nuestra relación con Dios, con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos. Esta es la situación que Jesús vino a sanar en el desierto. Durante la Cuaresma nuestra labor consiste en enfrentarnos con estos programas de felicidad y desprendernos de ellos.
Jesús nos redimió de las consecuencias de nuestros programas de felicidad cuando las experimentó en carne propia. Como ser humano, atravesó todas las etapas prerracionales de la conciencia humana en su desarrollo: la inmersión total en lo material; el surgimiento de un cuerpo independiente de los demás; y el desarrollo de una conciencia conformista, con lo cual se quiere expresar una exagerada identificación con el clan, con la nación, con etnia y con la religión de cada uno.
Jesús aparece en el desierto como el representante de la humanidad entera. Sufre en carne propia la experiencia de los dilemas humanos en la más cruda intensidad. Por lo tanto se vuelve vulnerable a las tentaciones de Satanás.
Satanás en el Nuevo Testamento significa Enemigo o Adversario, un espíritu misterioso y malvado que aparece como algo más que una mera personificación de nuestras propias tendencias malignas. Dios permite las tentaciones para que podamos confrontar nuestras propias tendencias malignas. Se llega al conocimiento de sí mismo por experiencia; así se llegan a conocer las profundidades de su debilidad como ser humano.
Jesús en el desierto es tentado por medio de los instintos primitivos del ser humano. Primero Satanás ataca la necesidad de seguridad y supervivencia, es decir, el primero de los centros de energía. “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Su respuesta a la sugerencia de Satanás es que él no es el que debe preocuparse por protegerse y salvarse; es problema de su Padre que tiene que proveer lo necesario para él. Dios promete cuidar de todo el que confíe en Él.
El diablo traslada después a Jesús a la ciudad santa, lo pone sobre el parapeto del Templo y le sugiere: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: sus ángeles te llevarán en volandas”. Lo que está diciendo es que si Jesús es el Hijo de Dios, que manifieste su poder con algo milagroso, que se tire de ese rascacielos, y que cuando se levante y salga andando, todos se deslumbrarán y lo verán como un hombre extraordinario. Esta tentación es la de obtener fama, amor y admiración pública.
El afecto y la estima constituyen el centro de gravedad del segundo centro de energía. Todo el mundo necesita una cierta dosis de aceptación y respaldo. Si en el transcurso de los años que comprenden desde la infancia a la edad adulta no se le presta la debida atención a estas necesidades, la persona busca satisfacciones que compensen la falta de aquello de lo que uno se vio privado en la tierna infancia, lo cual puede ser real o imaginario. Cuanto mayor haya sido la privación, tanto mayor será el dinamismo neurótico para compensarla.
El tercer centro de energía es el deseo de controlarlo todo y de dominar a los demás. “Todo esto te daré si te postras y me adoras”. La tentación de adorar a Satanás a cambio de símbolos de poder ilimitado es el último esfuerzo del “falso yo” para lograr inmortalidad e invulnerabilidad por sus propios medios. Adorar a Dios es el antídoto para el orgullo y para la codicia del poder. El camino de la verdadera felicidad es servir a los demás, no dominarlos.
Vemos entonces que Jesús experimentó personalmente las tentaciones dirigidas a los primeros tres centros de energía. En cada Cuaresma nos invita a que nos unamos a Él en el desierto y compartamos las pruebas a que se vio sometido. Los sacrificios durante la Cuaresma están encaminados a ayudarnos a reducir nuestra inversión emotiva en los programas de nuestra tierna infancia. El objetivo final de la observación de la Cuaresma es liberarse totalmente del sistema del “falso yo”. La meta de este proceso culmina el día de la Pascua de Resurrección. La más importante de todas las observaciones durante la Cuaresma es confrontar el “falso yo”. El ayuno, la oración y la limosna están al servicio de este proyecto. A medida que desmantelamos nuestros programas emotivos de felicidad, se van venciendo los obstáculos a la vida de Jesús resucitado, y nuestros corazones estarán preparados para recibir la infusión de vida divina que nos trae la Pascua de Resurrección.



sábado, 22 de febrero de 2020

Cuento 23: Dientes de león










«DIENTES DE LEÓN»

Un hombre que se sentía orgullosísimo
del césped de su jardín se encontró un buen día
con que en dicho césped
crecía una gran cantidad
de «dientes de león».

Y aunque trató por todos los medios
de librarse de ellos,
no pudo impedir que se convirtieran
en una auténtica plaga.

Al fin escribió al ministerio de Agricultura,
refiriendo todos los intentos que había hecho,
y concluía la carta preguntando:
«¿Qué puedo hacer?».

Al poco tiempo llegó la respuesta:
«Le sugerimos que aprenda a amarlos».




sábado, 15 de febrero de 2020

Thomas Keating: La historia de la oración contemplativa en la tradición cristiana (II)

Thomas Keating

LA HISTORIA DE LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA EN LA TRADICIÓN CRISTIANA    (II)

Los hechos históricos descritos en la parte I de este mismo título pueden ayudar a explicar cómo la espiritualidad tradicional del Occidente se llegó a perder en los últimos siglos y por qué el Concilio Vaticano II tuvo que prestarle atención directamente a este problema tan agudo y decidirse a auspiciar la renovación espiritual.
Son dos las razones por las cuales la oración contemplativa está siendo el objeto de renovada atención en nuestros tiempos. Una es que los estudios históricos y teológicos han desempolvado las enseñanzas íntegras de San Juan de la Cruz y otros maestros de la vida espiritual. La otra es el reto oriental que surgió tras la II Guerra Mundial.
La teología mística en la Iglesia Católica Romana comenzó a revivir con la publicación de Las Categorías de la Vida Espiritual, escrito por Abbé Saudreau en 1896. Basó su investigación en las enseñanzas de San Juan de la Cruz. Este enseña que la contemplación comienza con lo que él llama “la noche de los sentidos”. Este es un territorio desconocido entre la actividad propia y la inspiración directa del Espíritu Santo. Es una experiencia común entre aquellos que han practicado la meditación discursiva por un período de tiempo extenso. Se llega a un punto en el que no hay nada nuevo que decir, pensar, o sentir. La noche del espíritu es un madurar semejante al proceso de transición de la niñez a la adolescencia en la vida cronológica. La emotividad y el sentimentalismo, propio de la niñez, comienza a dejarse de lado para dar paso a una relación más madura con Dios. Al mismo tiempo, las facultades, por el hecho de que Dios ya no apoya los sentidos o la razón, parecen convertirse en inservibles. Uno se va convenciendo cada vez más de que simplemente ya no puede orar.
San Juan de la Cruz dice que todo lo que uno tiene que hacer en este estado es mantener la paz, sin tratar de pensar, y permanecer delante de Dios con fe en Su presencia, retornando continuamente a Él como si se abrieran los ojos para mirar a un ser querido.  Los que se encuentran en este estado sienten gran ansiedad, pues piensan que están retrocediendo. Creen que todo lo bueno que experimentaron durante los primeros años de su conversión ha llegado a su fin.
San Juan de la Cruz afirma que aquellos que se entregan a Dios se introducen muy rápidamente en la noche de los sentidos. Este desierto interior es el comienzo de la oración contemplativa aun cuando no sean conscientes de ello.
¿Cuánto tarda ese “muy rápido” de las enseñanzas de San Juan de la Cruz?. No lo aclara. Pero la idea de que uno tiene que someterse a muchos años de pruebas sobrehumanas, encerrarse detrás de los muros de un convento o machacarse con diversas prácticas ascéticas antes de poder aspirar a la contemplación, es una actitud jansenista. Lo correcto es exactamente lo opuesto, cuanto más pronto se puede experimentar la oración contemplativa, tanto más rápidamente se percibirá la dirección hacia la cual se dirige la jornada espiritual.
La idea de que las personas laicas emprendan el camino espiritual no es algo nuevo. En las tradiciones espirituales de las diferentes religiones del mundo, tanto de Oriente como de Occidente, la tendencia ha sido aislar a los que van en pos de este camino, colocarlos en lugares especiales, y yuxtaponerlos con los que llevan una vida familiar, profesional o de negocios en el mundo. Pero esta distinción está comenzando a cambiar.
Con respecto a la tradición cristiana, el expositor de la escuela teológica de Alejandría del siglo IV, Orígenes, consideraba que la comunidad cristiana en el mundo era el lugar  apropiado para practicar la ascesis. Fue sólo a través del ejemplo de Antonio de Egipto y del libro que Atanasio escribió sobre ese tema, como se estableció la práctica de que había que dejar atrás el mundo para seguir la ruta cristiana hacia la divina unión. En ningún momento fue su intención convertirla en la única forma de lograr esa unión. La esencia de la vida monástica no es la estructura del monasterio, sino su práctica interior, y el alma de la práctica interior es la oración contemplativa.
Estoy convencido de que si las personas no se ven nuca expuestas a algún tipo de oración libre de conceptos, es posible que jamás lleguen a desarrollarse, debido a la interferencia de la excesiva intelectualización en la cultura occidental y a la tendencia anti-contemplativa de las enseñanzas cristianas en los últimos siglos. Ha existido una fuerte tendencia a sumir que la oración contemplativa estaba reservada exclusivamente para las personas religiosas de clausura.
El cultivo del silencio interior constituye un camino privilegiado para dirigirse hacia la oración contemplativa.


Mente abierta, corazón abierto, p. 23-32

sábado, 8 de febrero de 2020

Stop 23










Para manifestar tu verdadera naturaleza debes detener el monólogo interior constante que llena todo el espacio que hay en ti. Puedes empezar a hacerlo apagando cada día por unos momentos la Radio del PSP (Pensar Sin Parar), así dedicarás en su lugar ese espacio mental a un gozoso silencio.

sábado, 25 de enero de 2020

Ejercicio 19: Descansar en el Absoluto


Ejercicio 19
Descansar en el Absoluto





EN TANTO QUE PARTICIPANTES de una cultura que fomenta la actividad permanente, tanto por lo que se refiere a la creación productiva como al mismo ocio, pienso que nos hace bien contemplar la meditación como un espacio en el que no vamos a hacer una actividad más sino simplemente a ser, y eso supone un profundo descanso de toda nuestra persona.
En la tradición cristiana también encontramos una invitación al descanso del alma en las palabras de Jesús: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré reposar”. Por eso nos hace bien contemplar la meditación como un tiempo de reposo en profundidad. Es como si el Absoluto si hiciera dinamismo y complejidad convirtiéndose en criatura en nosotros, porque para que nosotros podamos encontrar el descanso convirtiéndonos Absoluto en Él.
El proceso que seguiremos en este ejercicio es muy similar al del ejercicio anterior, pero si entonces insistíamos en abrir, ahora lo hacemos en descansar:

-          - Respiraciones profundas y consciencia corporal…

-        - Dedica ahora unos minutos a afinar la atención interior introduciéndola en el Silencio o en la Presencia –en definitiva, en la consciencia del Absoluto-, a partir de la práctica que ya tienes y por el medio que te resulte más cómodo y habitual..
                                                
-          - En esta paz y quietud, toma consciencia de ti mismo en tanto que cuerpo físico, y con la certeza que el Absoluto es el lugar donde tu cuerpo puede encontrar el reposo perfecto; haz descansar todo tu cuerpo en esta Realidad, Silencio, Plenitud… Y si alguna parte de tu cuerpo está especialmente tensa, cansada, débil o quizá enferma, con mayor motivo llévala al descanso en el Ser.

-          Contacta ahora con tu mundo emocional, desde la zona del estómago y del pecho. Quizá aparecerán movimientos emocionales asociados a vivencias recientes o antiguas… Quizá hay calma, simplemente… Sea como sea, descansa también todo tu mundo emocional en el Ser.

-          - Ves a continuación a la zona de la frente, i toma conciencia de tu mundo mental, de tu intelecto, a veces tan agitado, otras tan cansado, o tan espeso… Ahora, pues, es el momento del descanso en profundidad de tu pensamiento. No tengas en cuenta si la mente está en actividad o no, ni hagas nada para detenerla… Ahora, simplemente, hazla descansar en el Absoluto…

Lleva la atención más adentro: a aquel yo que está detrás de todos los procesos anteriores y que los aglutina en un yo individual que llamas con tu propio nombre. La zona corporal para acercarte sería la del corazón de la derecha. Demasiado acostumbrado a consumir mucha energía al creerse separado de los otros y de todo, y a comprimirse en unos límites estrechos, agradece la invitación a descansar en el Ser, pero la inercia a mantenerse comprimido no siempre lo hace fácil… En un salto de confianza, “como un niño en la falda de la madre”, descansa todo tú en el ser hasta que no haya finalmente nadie que descanse… hasta que sólo haya Descanso

Me gusta esta oración judía:

“Mi corazón no es ambicioso, Señor. No son altivos mis ojos
Vivo sin pretensiones de grandeza o de cosas demasiado elevadas para mí.

Me mantengo en una paz tranquila, como un niño en la falda de su madre esperando tus dones… (Salmo 130)




RECUERDA: periódicamente, voy presentando nuevos ejercicios en la Página Principal del blog. Paralelamente, y para tenerlos disponibles juntos, los voy dejando en la página DESPIERTO Y ATENTO.









sábado, 18 de enero de 2020

Cuento 22: El gato del gurú







EL GATO DEL GURÚ

Cuando, cada tarde, se sentaba el gurú
para las prácticas del culto,
siempre andaba por allí el gato del ashram
distrayendo a los fieles.

De manera que ordenó el gurú que ataran al gato durante el culto de la tarde.
Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto.
Y cuando el gato murió, llevaron otro gato al ashram para poder atarlo durante el culto vespertino.
Siglos más tarde, los discípulos del gurú
escribieron doctos tratados acerca
del importante papel que desempeña el gato

en la realización de un culto como es debido.