“Dios es el silencio del universo, y el
ser humano el grito que da sentido a ese silencio”.
sábado, 15 de junio de 2019
sábado, 8 de junio de 2019
Silencio
El silencio
no es
una pregunta:
¿por
qué
no te
manifiestas a mí?
Ni
una técnica
de
coerción:
¡manifiéstate
a mí!
El
silencio
es
una respuesta:
Tú te
has manifestado
a mí.
Me
desbordas,
me
superas,
me
sorprendes,
me
inquietas.
Me envuelves,
me
llenas,
me
vacías,
me
inundas.
Me
fecundas,
me
naces,
me
mueres.
Me
hablas,
me
enmudeces.
Me
callo.
No
hay palabras,
no
hay imágenes,
no
hay pensamiento,
no
hay símbolo.
Ya sólo
aguarda
el silencio.
El
silencio…
es
respuesta,
sábado, 1 de junio de 2019
Cuento 14: La santidad en el instante presente
Le preguntaron en cierta ocasión a Buda:
«¿Quién
es un hombre santo?».
Y Buda respondió: «Cada
hora se divide en cierto número de segundos, y cada segundo en cierto número de
fracciones. El santo es en realidad el que es capaz de estar totalmente
presente en cada fracción de «segundo».
El guerrero japonés fue apresado
por sus enemigos y encerrado en un
calabozo.
Aquella noche no podía conciliar el
sueño,
porque estaba convencido de que a la
mañana siguiente
Entonces recordó las palabras de su
Maestro Zen:
«El
mañana no es real. La única realidad es el presente».
De modo que volvió al presente... y se
quedó dormido.
El
hombre en el que el futuro ha perdido su influencia se parece a los pájaros del
cielo y a los lirios del campo. Fuera preocupaciones por el mañana. Vivir
totalmente en el presente: he ahí al hombre santo.
sábado, 25 de mayo de 2019
Raimon Panikkar: Palabra y Silencio
Raimon Panikkar
Palabra y Silencio
Cuando la palabra deja de ser el éxtasis
del silencio, se convierte en inauténtica. Cuando
separo la palabra del silencio, sólo me queda la palabrería. El hombre deberá responder de
cualquier palabra que no sea un sacramento, que no sea una encarnación del
silencio, porque estas palabras no tienen ningún valor.
"En el principio Fue la Palabra". Ahora bien, el principio es el
silencio. De hecho, es del
silencio -del Padre, o incluso de la Nada en algunas tradiciones espirituales-
que surge
la Palabra. Y, por tanto, cuando se rompe la relación
entre silencio y palabra, cualquier palabra deja de ser la portadora de tanto
se vale qué; es vacía o mentirosa.
El silencio auténtico, con toda seguridad,
no es una ausencia de palabra. Pero,
¿con qué tipo de palabra se relaciona? ...
con la palabra primordial.
La palabra es auténtica cuando proviene del
silencio. Tenemos esta
extraordinaria afirmación de san Ireneo (s. II): "Del silencio del Padre
surgió la
Palabra del Hijo”. La palabra surge
del silencio. La palabra y el silencio son las dos caras del misterio de la
Trinidad. Hay un
adagio árabe que dice: “Si tus palabras no valen más que tu silencio, calla”. El
éxtasis del silencio es la palabra.
Toda palabra debe ser sacramento, debe
causar lo que explica; cuando no
lo logra se ve desprovista de fuerza, de eficiencia. Si uno no se encarna en lo que dice,
las palabras no tienen ninguna fuerza. La
palabra, cuando es verdaderamente palabra, es revelación.
El silencio no debe confundirse con el
mutismo; el silencio no es una
simple "ausencia de palabra", sino el lugar de gestación de la
palabra. Por ello la
espontaneidad que viene de las profundidades, corresponde al silencio interior. Hoy nos encontramos en una situación
de inflación verbal en todos los campos que favorece esta superficialidad de la
que somos víctimas.
sábado, 18 de mayo de 2019
Ejercicio 11: Río que desemboca en el mar
Ejercicio 11
Río que desemboca en el mar
Te propongo esta imagen:
Una vez que ya te sientes tranquilo y relajado, créate la
imagen de un río que te guste y te inspire especialmente, sea real o
imaginario…
Contempla el color y la transparencia de sus aguas, el
cauce por donde circulan, la rapidez o placidez de su movimiento, la vida que
hay en su interior, la vida que brota en sus márgenes…
Imagina que tú flotas encima, y dejas llevar,
confiadamente, por sus aguas amables… rio abajo… pasando por diferentes
paisajes, cada uno único en su belleza… aceptando dejar el anterior atrás para
poder acoger y contemplar la belleza del siguiente…
Imagina ahora que te sientes tan identificado con el río
que es como si te disolvieras en él, convirtiéndote en el mismo río… bajando…
río abajo…plácidamente… seguro… confiado… tranquilo… feliz…
Estás en la llanura, cada vez más cerca del mar, y tus
aguas se ensanchan, y se vuelven todavía más tranquilas, más serenas…
Vas llegando al extenso mar y tus aguas se van perdiendo…
plácidamente…
El mar te acoge amable y gozoso y tú te abandonas
confiadamente…
Te expandes… eres ilimitado… eres el mar mismo,… inmenso…
infinito… silencioso…
Permaneces ahora en este Silencio ilimitado… que lo
incluye todo, que lo abarca todo. Más allá de tu fantasía… la Realidad…
Probablemente conoces el cuento de la Muñeca de sal, que tiene buena
relación con este ejercicio:
Dice que había una muñeca que era toda ella de sal y que vivía en el
interior de un gran país.
Un día oyó hablar de una cosa que le resultó del todo desconocida y
completamente atrayente: el Océano.
Hasta el punto que decidió ponerse en camino para conocerlo, aunque le
costara semanas y semanas de difícil caminar, sólo animada por el deseo de
conocer a aquel ser fascinante: el Océano.
Recorrió miles y miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin,
llegó al mar.
Quedó fascinada por
aquella móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta
entonces.
«¿Quién eres tú?», le preguntó al mar la muñeca de sal.
Con una sonrisa, el mar
le respondió: «Entra y compruébalo tú
misma».
Y la muñeca se metió en
el mar. Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que
apenas quedó nada de ella.
Antes de que se
disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada:
«¡Ahora ya sé quién soy!».
RECUERDA: periódicamente, voy presentando nuevos ejercicios en la Página Principal del blog. Paralelamente, y para tenerlos disponibles juntos, los voy dejando en la página DESPIERTO Y ATENTO.
sábado, 11 de mayo de 2019
Anselm Grün: Silencio: estar presente en sí
En Elogio del silencio, obra a la que pertenece el
siguiente texto de Grün, nos sitúa en el auténtico ámbito del silencio. El silencio es más
que ausencia de palabras. “Es un ámbito en el que cada uno de
nosotros está plenamente en sí”. Es una premisa para la
transformación personal y, al mismo tiempo, un primer paso a lo largo del
camino interior. Como camino espiritual, el silencio consta de tres fases: el
encuentro consigo mismo, el desprendimiento o liberación, y la unidad con Dios
y con uno mismo.
“En cada uno de nosotros hay un ámbito en el
que reina una paz absoluta, un ámbito libre de los pensamientos ruidosos, libre
de preocupaciones y deseos. Es un ámbito
en el que cada uno de nosotros está plenamente en sí. Ese ámbito, no
perturbado por ningún pensamiento, es para el Maestro Eckhart lo más valioso
que hay en el ser humano, el punto en el que puede tener lugar el verdadero
encuentro con Dios. A ese ámbito tenemos
que acceder. Se trata de un ámbito que no tenemos que crear, pues ya existe;
lo único que ocurre es que está oculto por nuestros pensamientos y nuestras
preocupaciones. Si acondicionamos ese
ámbito de silencio que hay en nosotros, podemos encontrar a Dios tal como es.
Entonces ya no nos aferraremos a nosotros y a nuestros pensamientos, sino que
nos liberaremos totalmente, nos dejaremos caer en el secreto de Dios que nos
transporta. Entonces no dictaremos a
Dios cómo debe encontrarnos, sino que estaremos abiertos a su llegada, como
tiene previsto.
Aunque
tengamos a punto ese ámbito del silencio que hay en nosotros, no podemos forzar una experiencia de Dios.
Sólo podemos percibir vacío y oscuridad.
(…)
Dejamos todas las expectativas:
la de una experiencia intensa de Dios y la de unos sentimientos placenteros.
Dejamos nuestras imágenes y representaciones, dejamos incluso lo que somos.
A Dios no tenemos que mostrarle nada:
ni pensamientos edificantes ni sentimientos piadosos. Estamos, sencillamente,
delante de él y guardamos silencio. Mantenemos nuestro
corazón vacío en su presencia para dejar que nos colme de su amor indecible e
indescriptible con palabras. Guardamos
silencio delante de Dios y esperamos. No sabemos si Dios vendrá y nos acogerá.
Sólo sabemos por la fe que Dios está ahí, aunque no lo experimentemos.
Persistir y esperar, mantener también la no-experiencia en la oración,
abandonar la tierra firme de los pensamientos y las imágenes, entregarse al
amor de Dios, abrirse a la presencia de Dios, sin tener la certeza de que vamos
a percibir algo de ella…: en eso consiste el silencio.
Es un silencio de la experiencia y, a
la vez, de la no-experiencia; un silencio henchido de sensibilidad para con la
proximidad de Dios y un silencio vaciado de todos los pensamientos y
sentimientos humanos; un silencio que se desentiende de sí mismo y de toda
búsqueda de la experiencia y se abandona, confiado en los brazos de Dios”.
lunes, 6 de mayo de 2019
John Main: Recita tu mantra todos los días
No
es un modelo de última generación, no es una receta para el éxito, no es una
técnica, no es la última novedad del mercado. Tampoco es una píldora para el
bienestar personal o para combatir el estrés, o para obtener éxito profesional.
Es algo
sumamente simple. Requiere únicamente quietud y silenciamiento. La meditación tiene una larga historia. Es una destilación de la esencia de la experiencia del
hesicasmo (hesychía: tranquilidad o
paz) de los primeros Padres y Madres del desierto egipcio y sirio de los s. III
y IV, traducida a Occidente por Juan Casiano y mantenida principalmente a
través de la Regla de San Benito (s. VI). En realidad tiene su origen en la
invitación de Jesús de Nazaret en el Sermón de la Montaña:
Cuando
ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Abba que está escondido;
y tu Abba, que ve en lo secreto, te recompensará.
(Mt.
6,6)
El
camino de la meditación es acogido por la espiritualidad contemplativa inglesa
del s. XIV en La Nube del No Saber y
practicado hasta la excelencia por Juan de la Cruz y Teresa de Jesús. Hasta el
s. XVI es considerado un camino para ser transitado por cualquier cristiano.
Posteriormente, en previsión de “excesos, posibles excentricidades o abusos”, queda relegado a expertos y
selectos.
En
los años setenta-ochenta del siglo pasado, el monje benedictino John Main (1926-1982), y Thomas Keating (1923), monje cisterciense, por caminos muy
paralelos, consideraron que era momento de que el camino de la contemplación
saliera del armario y se hiciera accesible a toda persona sincera.
Amigos del desierto, una
red abierta de meditadores cristianos y no cristianos, iniciada por Pablod’Ors, interesados en profundizar y difundir la experiencia del silencio y la
quietud, se siente heredera de los Padres del desierto y del hesicasmo. Concretamente
sigue la estela de John Main.
¿Cómo
podemos encontrar el camino que nos lleve a la experiencia cristiana esencial? -se
pregunta J. Main- en Una palabra hecha camino. Meditación y silencio interior. Su propuesta es diáfana: a través del
camino de la meditación. Nada de autocomplacencia, nada de solipsismo, de nada
se huye, ninguna búsqueda de estados alterados de la mente.
Aquietar
y silenciar. Esta es la única actividad necesaria. De esto trata la meditación,
de ponerse en presencia de Aquel que es.
Basta con estar sin más en su presencia. Entonces somos plenamente la persona
que Dios quiso que fuéramos cuando nos creó. ¿Por qué merece la pena meditar? Creo que, en
última instancia, –dice Main- todos contestamos lo siguiente: en distintos
momentos de nuestra vida, hemos querido comprometernos con la verdad,
comprometernos con Dios. La meditación responde a esta necesidad.
¿Cómo puedo meditar? Para aprender a meditar hemos de aprender a
estar en profundo silencio. La meditación es un concepto muy simple. No hay
nada complicado ni esotérico al respecto. En esencia, meditar consiste simplemente en estar en calma en el centro de tu ser. Conocer a Dios, crecer y
estar en calma son experiencias que se producen en el centro de tu ser. El
camino que seguimos comienza por sentarnos completamente quietos (lo cual no
significa “inactivos”). Lo segundo es aprender a decir la palabra, con la que
meditamos, nuestro mantra, con total atención, es decir, aprender a aquietarnos
a nivel mental. La calma y el mantra son los dos elementos esenciales de
nuestra meditación. Esta es la sencillez absoluta.
¿Cuál es el sentido del mantra? John Main lo aprendió de su maestro hindú. El
maestro que me enseñó a meditar –dice- me lo presentó con claridad meridiana.
Su enseñanza se resumía en tres palabras: recita tu mantra. Decir el mantra es lo primero que tenemos que entender. Puede
llevarte –sigue afirmando Main- cinco o diez años comprender la importancia de
recitar el mantra desde el comienzo hasta el final, sin cesar. Lo esencial del
mantra (Palabra Sagrada lo llama T. Keating) es conducirte al silencio. No se
trata, por supuesto, de una palabra mágica. No tiene propiedades esotéricas ni
nada parecido. Es sencillamente una palabra sagrada en nuestra tradición, como Maranatha, Abbá, Amor, Jesús, … Busca tu
mantra, aquel con el que te sientas cómodo. A la sencillez se entra por la
puerta de la práctica. Nuestra práctica consiste en la recitación del mantra.
Repetirlo con claridad, con atención. Si puedes, inhálalo y exhálalo en
silencio. Recítalo desde el principio hasta el final. No te pongas a
analizarlo, no analices lo que estás haciendo. No pienses en lo que estás
haciendo; antes bien, sé uno con lo que estás haciendo.
¿Por qué el mantra? La experiencia inmediata del meditador es
constatar el constante ruido interior que nos posee. Este incesante ruido puede
personificarse en los pensamientos. Pero “pensamiento” es cualquier percepción,
bien sean recuerdos, planes, visualizaciones, imágenes, sensaciones externas o
internas, sentimientos o auto reflexiones, cualquier tipo de reflexión, … El
mantra es como un faro que guía nuestro rumbo, así que debemos fijar nuestra
atención en él. Si desviamos nuestra atención del mantra, hacia los “pensamientos”,
estamos perdidos. Regresamos al narcisismo, a la obsesión por nosotros mismos.
Es extraordinariamente sencillo. Así
pues –repite una y otra vez Main- insisto en la importancia de decir la
palabra. No pienses en Dios, no pienses en ti mismo. No analices a Dios, no te
analices a ti mismo. Guarda silencio. Permanece quieto y estate con él, en su
presencia.
El
mantra es como la aguja de la brújula. Te orienta siempre hacia tu destino.
Apunta en la dirección que debes seguir, lejos de ti mismo hacia Dios, y cuando
tu ego te lleve por otros derroteros, la brújula seguirá indicándote fielmente
la buena dirección. El mantra, si lo dices con generosidad, fidelidad y amor,
siempre te señalará la dirección hacia Dios, y es solo en él donde se revela
nuestro verdadero sentido.
¿Cómo comienzo? Cuando comiences a meditar, cuanto
menos pienses en Dios, cuanto menos hables de Dios, mejor. Permanece abierto
sin condiciones a su don, el cual consiste en tu ser persona. Un aspecto muy
importante de la disciplina es aprender a sentarse completamente quieto. Te
entrarán ganas de moverte, o de rascarte la nariz, o de abrir los ojos, pero al
sentarte quieto estás dando un paso muy importante en este camino que te aleja
del egoísmo, de la obsesión por ti mismo. Para meditar tan solo necesitas unas
pocas indicaciones. Debes estar quieto. En las primeras semanas has de aprender
a sentarte absolutamente quieto como
primer paso para estar en completa
calma. Una vez sentado y aquietado tanto como
puedas, comienza a decir tu mantra sin cesar, continuamente, acompañando la
respiración.
La
doctrina básica de la meditación se condensa en esta breve frase: di tu mantra. No te molestes en pensar
en su significado. Tampoco pienses en Dios. De hecho, no pienses en nada. Di tu
palabra, recítala y escúchala. Lo único que necesitas saber es que resulta
fundamental que recites tu mantra todos los días de tu vida, por la mañana y
por la tarde. Necesitamos dedicar
veinte minutos cada mañana y cada tarde (media hora si puede ser) a estar
quietos, a ser sencillos y a “descansar en el Señor”, como decían los
primitivos monjes.
Recuerda,
la meditación no consiste en hacer que suceda algo –a ti o al cosmos-. Todo ha
sucedido ya. Si adoptamos una actitud receptiva y de disponibilidad, todo lo
demás se nos dará. Más allá de esto, todo es don. Lo que necesitamos es estar
ahí. Y la meditación es una forma sencilla de estar ahí.
La
meditación no es una técnica. Es un camino.
Es el camino que es Cristo. Es el camino que lleva a un estado pleno de ser. Al
meditar, aprendemos a estar plenamente alerta, a aceptarnos por completo, a
amarnos a nosotros mismos y a tomar conciencia de que estamos enraizados y
cimentados en la realidad absoluta que llamamos Dios.
Finalmente. Es preciso meditar todos los días.
Se trata de adquirir una disciplina orientada no a lograr un beneficio
personal, sino sencillamente a ser.
Sé fiel, sé paciente, y busca un tiempo. Acepta el reto de meditar durante media hora
–eso sería lo ideal- o al menos durante veinte minutos, cada mañana y cada
tarde de tu vida. Es un tiempo de pobreza, de silencio, de olvido de sí, no un
momento para analizarnos, para reflexionar sobre nuestras motivaciones o para
determinar si somos virtuosos o pecadores.
La
meditación es el itinerario que nos lleva, más allá de nuestra existencia, a
nuestro ser. A nuestro ser singular. Es el camino que nos conduce al núcleo
esencial de qué y quiénes somos. Cuando llevas un tiempo practicando la
meditación -asegura Main-, descubres que meditar es lo más natural y obvio que
se puede hacer. Meditamos porque sabemos con certeza que hemos de atravesar y
transcender nuestra esterilidad. Debemos ir más allá de un sistema cerrado, de
una mente que no hace más que mirarse a sí misma. Cada vez tenemos más claro
que hemos de pasar del aislamiento al amor. La conciencia personal da paso a la
verdadera conciencia. Empezamos a conocer lo que existe más allá de nuestros
limitados horizontes, lo que es, lo que Dios es: descubrimos que Dios es Amor.
No
dedicamos media hora por la mañana y media hora por la tarde a buscar “un poco
de religión” o a cultivar la espiritualidad como parte de un programa para
mejorar la salud, o para mejorar nuestra imagen. Más bien, mediante esos ratos
de media hora pretendemos vivir la eternidad. Tratamos de dejar a un lado todo
lo que es transitorio y vivir en la eternidad de Dios. Adentrarnos en nuestra
propia identidad personal significa sumergirnos en Dios. Esta es la vocación
que cada uno de nosotros ha recibido: conocerse en Dios.
Más
allá del camino, de la quietud y el silenciamiento, todo es don. Nada es
conquista ni trofeo por el esfuerzo propio. Lo único que se nos pide es
absolutamente sencillo: recita tu mantra, todos los días, por la mañana y por la tarde.
Daniel
sábado, 4 de mayo de 2019
Stop 15
“Nos pasamos la mitad de nuestra vida corriendo detrás de lo que nos
resulta agradable y la otra mitad huyendo delante de lo que nos resulta
desagradable.
Pasamos la
vida corriendo”
sábado, 27 de abril de 2019
Willigis Jäger: En camino hacia la contemplación
Willigis Jäger
En camino hacia la contemplación
·
el camino del RECOGIMIENTO DE LA CONSCIENCIA :
- consiste
en concentrar las potencias psíquicas en un objeto
(ej.: una palabra o una
pequeña frase)
- se llega a la pérdida del nivel del ego de la
consciencia y, así, a la experiencia del uno.
·
el camino del VACIAMIENTO DE LA CONSCIENCIA :
- consiste en la no
reacción de la misma.
- está completamente
despierta, pero no está atada a ningún pensamiento ni a ninguna idea,
- ni se deja llevar por
ninguna emoción.
sábado, 13 de abril de 2019
Cuento 13: Una vital diferencia
Le preguntaron
cierta vez a Uwais, el Sufí:
«¿Qué es lo que la Gracia te ha dado?».
Y les respondió:
«Cuando me despierto
por las mañanas,
me siento como un hombre que no está seguro
de vivir hasta la
noche».
Le volvieron a
preguntar:
«Pero esto ¿no lo
saben todos los hombres?».
Y replicó Uwais:
«Sí, lo saben.
Pero no todos lo sienten».
Jamás se ha emborrachado nadie
a base de comprender intelectualmente la palabra VINO.
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